ACV y desigualdad racial: quién recibió mejor atención durante la pandemia

Diego Lucumí, profesor de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, es coautor de un artículo publicado en el Journal of Racial and Ethnic Health Disparities junto con Deivis Nicolás Guzmán Tordecilla, de la Universidad Johns Hopkins y Diana Carolina Pinzón, de la Universidad Nacional de Colombia, ambos egresados de la Maestría en Salud Pública de la Universidad de los Andes. La investigación analizó el impacto de la pandemia de COVID-19 en la atención del accidente cerebrovascular (ACV) en Colombia y concluyó que, aunque cerca del 98 % de la población está afiliada al sistema de salud, las desigualdades raciales en la atención se profundizaron durante la pandemia.

El estudio revela que durante la pandemia cuando el sistema de salud colombiano estuvo bajo una alta presión por la elevada demanda de servicios y los recursos en salud eran limitados, se observó un “efecto protector” hacia la población blanca/mestiza, mientras que los pacientes negros enfrentaron un aumento constante en la mortalidad y una reducción progresiva en la intensidad de sus tratamientos.

¿Qué muestran los resultados?

Los autores encontraron que, aunque durante la pandemia el acceso a los servicios de salud disminuyó para todos los grupos, una vez dentro del sistema el impacto fue distinto según el grupo racial.

En los primeros meses de la emergencia sanitaria, los pacientes negros registraron un aumento en la duración de la hospitalización. El estudio explica que, al inicio de la pandemia, los hospitales aún no habían alcanzado su máxima capacidad y la atención se concentró en los casos más graves, que afectaban de manera desproporcionada a esta población. Con el avance de la pandemia y el aumento de la presión sobre el sistema por la alta demanda, el agotamiento del personal y la escasez de recursos, las estancias hospitalarias de los pacientes negros comenzaron a reducirse de forma sostenida.

En contraste, entre la población blanca/mestiza la duración del tratamiento no disminuyó, sino que se mantuvo estable o incluso aumentó con el tiempo, lo que sugiere un acceso más continuo a la atención.

En cuanto a la mortalidad, el estudio señala que la brecha preexistente se amplió durante la crisis sanitaria: mientras la mortalidad al alta hospitalaria disminuyó entre la población blanca/mestiza, las personas negras presentaron una mortalidad por ACV cerca de tres puntos porcentuales más alta cada dos meses, lo que se tradujo en pérdidas económicas estimadas de 4,4 millones de dólares bimestrales.

Según los autores, en contextos de alta presión y escasez, las decisiones clínicas sobre a quién asignar camas, tiempo y tratamientos más intensivos tienden a volverse más discrecionales. En ausencia de criterios explícitos orientados a la equidad, estas decisiones pueden verse influidas por factores estructurales o sesgos implícitos (Actitudes, estereotipos y creencias aprendidas socialmente, que operan sin intención explícita y pueden influir en como tratamos a otros o en la toma de decisiones). De no existir este tipo de influencias, señalan los investigadores, sería esperable observar una asignación similar de recursos entre los grupos raciales, incluso bajo condiciones de crisis, pero no fue lo encontrado en el estudio.

¿Cómo se realizó el estudio?

Para obtener los resultados, los investigadores utilizaron un Análisis de Series de Tiempo Interrumpidas de múltiples grupos, un diseño que permitió estimar el impacto de la pandemia en el acceso a la atención médica, la duración del tratamiento y la mortalidad relacionadas con los ACV entre las poblaciones negras y blancas/mestiza. El estudio se basó en datos panel del Registro Individual de Prestación de Servicios de Salud, con una base de más de medio millón de observaciones entre 2016 a 2021.

Además, se incorporó información de la Encuesta Nacional de Calidad de Vida, una encuesta representativa a nivel nacional, que mostró que en 2020 la percepción de “buena calidad” en la atención de consultas médicas y hospitalizaciones aumentó en la población blanca/mestiza, mientras que en la población negra disminuyó.

¿Dónde fueron más profundas las brechas?

Las desigualdades fueron mayores en contextos específicos. En el régimen contributivo, las estancias hospitalarias de pacientes negros disminuyeron tres veces más rápido que en el régimen subsidiado. En las zonas urbanas, estas estancias se redujeron casi al doble de la velocidad observada en áreas rurales, en medio de alta competencia por camas hospitalarias durante la pandemia. Además, las brechas fueron más marcadas entre mujeres que entre hombres: el estudio señala que las mujeres negras enfrentan una “doble carga” de sesgo racial y de género, asociada históricamente con una atención menos agresiva para enfermedad cardiovascular.

Racismo estructural y sesgos implícitos

Los autores sostienen que la raza opera en Colombia como un estratificador social que posiciona de manera distinta a los grupos frente a los recursos. Durante la pandemia, el racismo estructural y los sesgos implícitos habrían influido en decisiones clínicas, llevando a una priorización involuntaria de la población blanca en procesos de triage  y alta hospitalaria.

El estudio concluye que la cobertura universal es insuficiente sin una implementación orientada a la equidad. Entre las propuestas de política pública se destacan:

  • Capacitación obligatoria en sesgos raciales y competencia cultural para el personal de salud.
  • Seguimiento comunitario post-ACV en comunidades negras para garantizar continuidad del cuidado y reducir riesgos asociados a altas prematuras.
  • Expansión de infraestructura y servicios especializados en ACV en territorios con alta concentración de población vulnerable.

Para leer el artículo completo haga click aquí: https://link.springer.com/article/10.1007/s40615-025-02791-1

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